La nutrición convencional suele centrarse solo en lo que comes: calorías, menús y restricciones. La nutrición integral, en cambio, entiende que tu salud depende de mucho más: tus hormonas, tu microbiota, el estrés, el descanso y tu estilo de vida. Cuando se mira el cuerpo como un todo, la alimentación deja de ser una dieta y se convierte en una herramienta real de bienestar.